Cuándo trabajas para convertir tu talento en tu proyecto de vida, ese que te haga sentir realizada pero a la vez te permita pagar las facturas, tienes que tomar decisiones importantes para asegurarte de que todo está equilibrado y no se te va de las manos.

A veces, cuándo emprendemos desde nuestra pasión, es tal nuestro deseo de servir y ayudar con nuestras habilidades y cualidades a aquellas personas que nos necesitan, que dejamos de lado una parte importante que es la que te permitirá vivir de lo que haces: que el tiempo y recursos que inviertes en ayudar sea rentable para tu negocio.

Porque vender suele dar vergüenza, sobre todo en sectores y nichos dónde se ofrece acompañamiento emocional. Parece que, como ayudar es nuestra misión de vida, esa ayuda debe ser altruísta… pero claro, como hemos repetido muchas veces, vete tú al banco con los testimonios de tus clientes a tratar de pagar la hipoteca a ver que te dicen.

Y nos bloqueamos al vender porque dudamos de que sea lo correcto. Nos sentimos inseguras al ofrecer nuestras soluciones porque sentimos que es algo tan necesario que tal vez tendríamos que ofrecerlo de forma gratuita y mirar otra forma más “normal” de ganar dinero. Y ahí, es cuándo nos perdemos nosotras solas.

Pero dicen que para encontrarte, primero tienes que perderte ¿verdad? Solo cuándo tocamos fondo somos capaces de resurgir de nuestras cenizas y demostrarnos a nosotras mismas que podemos con eso y más, que somos capaces de darle la vuelta a la situación y hacer las cosas bien desde el principio, respetando nuestros ritmos y necesidades igual que respetamos las de nuestros clientes.

Porque como tú te sientes a la hora de vender, esos pensamientos y sentimientos, a veces inconscientes, que revolotean por tu cabeza, es lo que percibe la persona que está al otro lado, viéndote, escuchándote o leyéndote. Si vendes pensando que lo que ofreces debería ser gratuito ¿qué respuesta esperas de ellos?

Vender, a fin de cuentas, es un intercambio más. Tú ofreces ayuda, tiempo, guía, experiencia, conocimientos, herramientas, recursos… y la persona que los recibe actúa en consecuencia, agradece tu implicación con su dinero o cooperación en lo que tú necesites. No todo se paga con dinero, pero necesitas tener muy claro el mínimo de beneficios que necesitas para que tu negocio no se vaya a pique.

Si sientes que al vender tus soluciones pierdes la conexión con tu comunidad, mira a ver desde que estado mental estás vendiendo: desde la inseguridad o desde la confianza. Porque no hay más. Si eres de las que piensa que el marketing es manipulación ¿qué resultados esperas de tus campañas? Si no eres capaz de concentrar tu energía en comunicar tu mensaje de forma coherente y precisa ¿cómo van a entender los demás qué les estás ofreciendo?

Y es que nosotras mismas nos limitamos. Puede que esas creencias limitantes provengan del exterior, de frases que hayamos escuchado desde niñas y hayamos asimilado inconscientemente como etiquetas que nos definen. Pero igual que les dimos el poder de verdades absolutas, basta crear una nueva secuencia lógica que nos empodere para echarlas por tierra.

Cuándo estés preparando una nueva campaña de ventas y sientas dudas, inseguridades y miedos, sobre todo a la hora de poner valor a tu tiempo, piensa:

  • Esto que estoy ofreciendo ¿es útil de verdad para mis clientes?
  • Si aplican lo que voy a compartir con ellos ¿qué beneficios tendrán en su vida?
  • Y esos beneficios ¿qué bloqueos les ayudarán a superar?
  • Si yo pasé por una situación similar ¿cuánto pagaría por una solución como la mía?
  • ¿Que valor real tiene para mis clientes poner en práctica esto que ofrezco?

 

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Olvídate del formato, de la plataforma, de los detalles y características técnicas… y céntrate en lo importante; en el contenido, en la asistencia que ofreces, en las nuevas posibilidades que tendrán para seguir creciendo y evolucionando a su ritmo si aceptan tus propuestas.

Y solo cuándo te lo creas tú, cuándo sientas que eso que ofreces es lo mejor que puedes dar ahora mismo con las herramientas y recursos que tienes a tu alcance, cuándo estés convencida de que si aplican lo que vas a compartir con ellos sus vidas cambiarán a mejor… prepara tu campaña de lanzamiento con la total seguridad y confianza de que el valor que aportas es inmenso.

Porque la base de toda comunicación empieza por lo que te cuentas a ti misma. Si tú dudas de ti, de tus capacidades, habilidades, dones y talentos para ayudar a otros, eso será lo que les comuniques incluso sin darte cuenta. Y perderás la conexión porque estarás comunicándote desde la inseguridad y desconfianza. Nadie compra a personas inseguras y llena de dudas sobre su propio método.

Así que antes de liarte con precios, bonus, largas listas de características incluidas… trabaja las bases:

 

  • Eso que ofreces ¿qué problema soluciona o qué necesidad cubre?
  • ¿Lo necesita de verdad tu cliente o puede vivir sin ello?
  • ¿Qué deseo le ayudará a alcanzar?
  • ¿Qué obstáculos le ayudará a superar?
  • ¿Qué sentirá durante el proceso de aprendizaje?
  • ¿Qué resultados obtendrá si se compromete a aplicar lo que compartes?
  • ¿Qué resultados obtendrá SI NO SE COMPROMETE?

 

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Y esta última cuestión es importante… porque algunas de nuestras propuestas ofrecen soluciones que no dependen al 100% de nosotros y tú no puedes comprometerte a que funcionará igual para todos tus clientes porque el nivel de compromiso de ellos juega un papel importante en los resultados obtenidos.

Pero si estás segura de que si el compromiso es mútuo y tu cliente se entregará en cuerpo y alma al proceso porque es el principal interesado en tener éxito ¿qué temes? ¿de dónde surgen esas dudas a la hora de ofrecerlo? ¿te bloquea el hecho de que ellos no sean capaces de ver el auténtico valor de tu propuesta?

Tu propuesta, para que sea comprensible, tiene que ser CLARA, DIRECTA, COHERENTE Y CONCISA. Centrarse en el principal beneficio de aplicarla y activar la imaginación de tu cliente para que experimente la experiencia que será trabajar contigo, además de los resultados que obtendrá. Si has dedicado tiempo a conocer a tu cliente ideal y sus ciclos, sabrás cómo transformar esas necesidades en palabras e incluirlas en tu propuesta.

Además, esta propuesta debe estar 100% alineada con los valores y filosofía que has plasmado en tu marca, sino, es más que probable que aparezcan interferencias en el mensaje. Si tú, por ejemplo, defiendes la flexibilidad y en tu propuesta le exiges a tu cliente ciertos compromisos dentro de unos plazos fijos e inflexibles ¿crees que estás siendo coherente? ¿o que estás vendiendo flexibilidad por un lado pero rigidez por otro? ¿qué crees que interpretará la mente lógica y racional de tu cliente al notar algo así?

Y esto pasa, sobre todo cuándo en vez de crear nuestras propuestas de forma personalizada, mirando dentro de nosotros qué es lo que de verdad queremos aportar y transmitir, nos limitamos a copiar estrategias de terceros sin tener en cuenta el punto clave: ¿cuál es el objetivo de esa estrategia? ¿su universo léxico coincide con el nuestro? ¿compartimos sus valores y filosofía? ¿sabemos exactamente por qué hace lo que hace cuándo lo hace y no antes o después? ¿nuestros clientes comparten rasgos, deseos, objetivos, valores,… o son totalmente distintos?

Por eso, tratar de superar tus bloqueos a la hora de vender tus propuestas limitándote a copiar lo que otros hacen no suele dar buenos resultados a largo plazo. Es lo que se llama poner parches. Parches temporales. Que a la larga se caen porque no son sostenibles ya que no están integrados con tus valores y filosofía personal y profesional. Te puede funcionar una vez, dos, hasta tres… pero cuándo el próximo año revises tus resultados, tal vez tengas que invertir una cantidad ingente de tiempo en arreglar el estropicio.

Cuándo vendes tus soluciones plenamente convencida de que lo que ofreces soluciona problemas reales y va a ser útil de verdad a tu comunidad, no necesitas copiar a nadie, tampoco aprender técnicas de persuasión ni ofrecer asistencia por chat para convencer a nadie de nada. Te limitas a exponer con total seguridad y confianza los beneficios de confiar en ti con la seguridad de que conoces tan bien a tus clientes que se sentirán completamente identificados y los que estén preparados, comprarán sin dudar.

Sin presiones, sin hacer daño innecesario, sin regodearte en sus dolores… centrándote en el gran potencial que todos y cada uno de tus clientes ya tiene dentro de sí mismo esperando a despertargg

En resumen:

  • La seguridad que tengas sobre la efectividad de tu idea a la hora de comunicar tu propuesta es muy importante.
  • La confianza con la que transmitas tu mensaje influye directamente en la decisión de compra de tus clientes potenciales.
  • Puedes comprometerte a dar lo mejor de ti durante el proceso, pero no a que todos tus clientes tengan éxito si su nivel de compromiso no es el correcto.
  • Si tu no valoras la calidad de lo que estás ofreciendo y dudas de ti misma, eso será lo que transmitirás a quién te vea, escuche o lea. Empieza por confiar en ti para ganarte la confianza de los demás.

 

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Y, por supuesto, para confiar al 100% en tu propuesta, necesitas conocerla mejor que nadie e integrarla por completo en tu estrategia de comunicación. Nadie mejor que tú puede saber lo que eres capaz de hacer para ayudar a tu comunidad ¿no crees?

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