Porque la vida pasa demasiado deprisa para pasarla trabajando. Por mucho que te apasione lo que haces a veces necesitamos parar, observar y analizar de nuevo si estamos siguiendo el camino que nosotras deseamos o el que nos han impuesto desde fuera.

Por ejemplo, para ti, tu trabajo ¿es un fin o un medio?

Es decir, ¿trabajas para disfrutar de la calidad de vida que deseas? ¿O estás viviendo solo para trabajar descuidando el resto de áreas importantes de tu vida? Tal vez te hayas olvidado de cuidar tu salud, bienestar, relaciones, entorno familiar…

De ser así… ¿cómo de importantes son para ti esas otras áreas en tu vida? ¿puedes trabajar sin energía? ¿renunciarás a disfrutar de tu familia por tu trabajo? ¿Durante cuánto tiempo estás dispuesta a hacer algo así?

Cuándo empezamos es cierto que nuestro negocio requiere de una gran dedicación y perseverancia. Pero no es lo mismo emprender sin otras responsabilidades que, por ejemplo, emprender siendo madre con el objetivo de pasar tiempo con tus hijos y verlos crecer.

Y lo sé por experiencia propia. Para mí, mi prioridad es ver crecer a mi hijo. Mi trabajo es solo una herramienta para conseguirlo. Una actividad que me apasiona y disfruto muchísimo ya que me permite ayudar a otras mujeres a cumplir sueños… pero mis prioridades están en otro lugar.

Por eso, a veces, no he aprovechado tanto como me hubiera gustado algunos cursos o formaciones. Porque se centraban por completo en la faceta profesional y la erigían como la prioridad absoluta. Y si no es tu prioridad, es que no estás comprometida. Y si no tienes tiempo, es que no estás comprometida. Y si no tienes dinero, es que no estás comprometida.

¿Te suena? La maternidad te pone la vida patas arriba. Cuándo tus hijos crecen, todo se estabiliza. Pero… cuándo son pequeños y te necesitan o eres capaz de alinearte con tus valores y tomar decisiones en base a tus prioridades marcando límites saludables… o llega un momento en el que sientes que lo que antes hacías con motivación, ahora lo haces por obligación.

Te ves coaccionada por tu entorno que te dice que tu trabajo es tu misión de vida, que necesitas encontrar esa actividad laboral que te permita compartir tus talentos con otras personas para ayudarlas y monetizarlo porque las facturas no se pagan solas… Y ¿quién te ayuda a ti? ¿dónde quedaron tus otras aspiraciones y motivaciones?

Y es que es complicado crear un negocio que respete tus ritmos y del que puedas disfrutar sin renunciar a esas otras áreas importantes para ti. Sobre todo si no eliges con cierta perspicacia a a tus mentores y profesores. No te fijes solo en sus logros profesionales, ahonda un poco más en su entorno familiar.

Si no tiene hijos pequeños ¡es normal que pueda dedicarse al 100% a su negocio! Su faceta de madre a tiempo completo ya pasó… ahora sus prioridades son distintas.

Si su objetivo al crear su negocio fue alcanzar el éxito profesional y cumplir sus aspiraciones profesionales ¡es lógico que esté 100% centrada en ello!

Pero si tu objetivo, como el mío, es más personal que profesional y ves tu trabajo como una herramienta y no como un fin… tendrás que empezar a asumir que tu trabajo, por muy maravilloso que sea y muchísimo que te guste, puede que no sea la única fuente de felicidad en tu vida.

Y, por supuesto, actuar en consecuencia. Primero hacer consciente lo inconsciente, después aceptarlo, por último implementar cambios para reestructurar tu vida y convertirla en esa aventura que quieres vivir tú, no la que tratan de imponerte los demás.

Por eso, hoy quiero compartir contigo las claves principales para encontrar el tan deseado equilibrio entre tu vida personal y profesional. Si te has sentido identificada con lo que acabas de leer, puede que te sean muy útiles:

Es muy importante que decidas qué quieres integrar en tu vida y con qué objetivo. Si deseas tener energía para jugar en el parque con tu hijo ¿puedes pasar 10 horas delante del ordenador? ¿quedarte trabajando hasta las 3 de la mañana?

Piensa detenidamente cómo sería tu vida ideal. Analiza cada detalle. Y retrocede hacia atrás en el tiempo describiendo qué pasos has ido dando para llegar hasta dónde estás.

Es un juego de visualización sencilla. Tu vida ideal dentro de x tiempo = Tu vida actual retrocediendo hasta esas decisiones importantes que te permitieron llegar hasta ese punto.

En ese camino, descubrirás cuáles son los valores que rigen tu vida y dan forma a tus prioridades a la hora de tomar decisiones y así, a partir de ahora, con tu guión de vida delante, podrás decidir de forma consciente que es lo más adecuado para ti en cada momento.

  • Toma decisiones alineadas con tus prioridades.

Si has descubierto que tus valores son la familia y la flexibilidad, por ejemplo, no es suficiente con escribirlos en un papel y mirarlos cada día. Sí, ya has dado un paso importante pero ¿cómo lo reflejas en tus acciones diarias? Porque tus acciones son las que cambian tu realidad día a día.

Empieza a hacer pequeños cambios y ajustes en tu planning diario enfocados en integrar por completo esas prioridades de forma consciente y coherente. Recuerda que es muy importante pensar, decir y actuar en consonancia para evitar sentimientos contradictorios que te hagan dudar de ti misma.

Si piensas que quieres ir una hora con tu hijo al parque todos los días con las pilas cargadas, dices que vas a trabajar por bloques de tiempo para ser más productiva pero luego, a la hora de implementar cambios, sigues haciendo exactamente lo mismo ¿crees que notarás alguna diferencia?

Por mucho que afirmes en voz alta lo que deseas, necesitas convertir esas palabras en hechos. Apóyate en esa emoción que surge en ti cuándo visualizas tu vida ideal soñada para empezar a hacer pequeños esfuerzos que te acerquen a tu meta. Poco a poco, al ritmo que te hayas marcado, pero siempre en movimiento.

  • No te rindas a la primera de cambio.

Porque los grandes cambios, amiga mía, tardan tiempo en integrarse en nuestro día a día. Primero tendrás que esforzarte ya que son nuevas rutinas a las que no estás acostumbrada. Pero a fuerza de repetirlas una y otra vez y siendo consciente de que el resultado merece la pena, se convertirán en hábitos que te costará cada vez menos llevar a cabo.

Según Maltz, las nuevas rutinas tardan en convertirse en hábitos una media de 21 días. Es cierto que hay teorías que contradicen esta afirmación… pero ese no es el tema de hoy. Así que de momento hazte a la idea de que estás trabajando para ver cambios en un mes aproximadamente. Aquí comprobarás hasta que punto estás comprometida con tu idea.

  • Haz un diario personal y profesional.

Dónde no solo anotes tus tareas realizadas ese día o los objetivos que has alcanzado, sino tu estado emocional y los resultados que vas obteniendo.

Es muy importante centrar nuestra atención en los logros y éxitos, por pequeños que estos sean, porque es mucho más sencillo mantener nuestro nivel de compromiso estando emocionadas y ppensando en positivo que si nos dejamos llevar por la frustración y la desesperación.

Llevar un registro de tus estados de ánimo y los logros asociados a ese día, te ayudará a conocerte mucho mejor a nivel emocional. Y serás capaz de modelar esos días cuándo te sientas con menos energía. Solo tienes que cerrar los ojos, recordar lo que ya fuiste capaz de hacer, volver a activar esa emoción que te cargue de energía ¡y a continuar cumpliendo sueños!

  • No te compares con otros, cada uno tenemos nuestro propio mapa.

Y si has estudiado algo relacionado con el desarrollo personal y el coaching, ya sabes que el mapa no es el territorio. Nunca. Dos personas pueden tener opiniones completamente distintas al interpretar lo que sucede desde su propia visión subjetiva basada en su experiencia y creencias.

Lo que sucede es el territorio, es un hecho, ni positivo ni negativo. Simplemente pasa. Pero cada implicado se lo lleva al terreno personal y de forma completamente subjetiva, en base a sus creencias y experiencias vividas, lo ve de forma diferente.

Por lo tanto, su reacción será distinta. De ahí que juzgar al otro o compararte con él, sea una auténtica pérdida de tiempo. Es cierto que cuesta integrar esta nueva rutina de no mirar al otro desde nuestra experiencia y asignarle la correspondiente etiqueta, sobre todo si te ha hecho daño… pero cuándo lo consigas, esa paz mental ya no te la quita nadie.

  • Marca unos límites saludables en base a tus prioridades.

Ya tienes claro lo que es importante para ti en tu vida. No dejes que las expectativas que terceras personas depositan en ti, te limiten. Tú sabes hasta dónde puedes llegar, qué es negociable y que es completamente innegociable.

Si cedes ante una exigencia, ya sea en tu vida personal o profesional, la otra persona estará contenta pero ¿a qué precio? Estarás siendo incoherente contigo misma, te habrás faltado al respeto y asumido un compromiso que para cumplirlo, te costará tener el estado de ánimo necesario si no quieres que la calidad del resultado final se vea afectada.

Entiendo que, a veces, tanto en nuestra vida personal como profesional, decir NO es complicado. Muchos intereses en juego. Podemos llegar a perder relaciones importantes. Pero hay formas de marcar tus límites sin atacar a la otra persona.

Trata siempre de encontrar un punto en común, con empatia y asertividad, escuchando de forma empática pero objetiva a la otra persona, sin identificarte al 100% con su dolor para no caer en un estado de queja que te aleje de tu valores y prioridades.

Ser empático no es dar la razón a los demás. Ser asertivo no es imponer tu punto de vista. Al contrario. Siendo empático tratas de entender el punto de vista de la otra persona pero mantienes tus límites de forma asertiva, sin atacar pero sin permitir que vulneren tu integridad.

¿Puedes perder relaciones importantes con familiares o clientes? Pues depende de cómo se lo tome la otra persona. Ahí tú no puedes hacer nada. El trabajo es suyo.

  • ¡Vive tus valores!

Nadie tiene derecho a culparte si vives desde tus valores. Si eres fiel a ti misma de forma íntegra y coherente. Pueden interpretar tus palabras y acciones desde su experiencia personal y etiquetarte pero no dejes que eso te afecte.

Disfruta del trabajo que has elegido pero no olvides cuidarte, tanto a ti como a los tuyos. Si hoy ves que tienes que preparar algo importante para un cliente ¡hazlo! No pasa nada. Pero cuándo termines, vuelve a revisar tu planning para reequilibrar la balanza y agenda una cita con tu familia que compense ese tiempo de hoy.

Todas tenemos 24 horas, 7 días a la semana… no es falta de tiempo, sino falta de conexión con tus valores y prioridades. Contigo misma. Nos dejamos llevar por esa felicidad efímera que nos aporta la validación de terceros y nos olvidamos que aquí, las que cuentan de verdad, somos nosotras mismas.

Tu tiempo es tuyo, tú decides en qué lo inviertes. Cuéntame ¿cómo va tu balanza hoy?

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Si quieres, podemos reequilibrarla juntas ¡agenda una cita conmigo!

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