¿A veces sientes que todo el tiempo, recursos y herramientas que inviertes en llegar a tu público no se traduce en un aumento de tu visibilidad y ventas online? Puede que sientas que atraes a un cliente que no tiene nada que ver con tu cliente ideal, que algo está fallando porque tu propuesta es buena pero no obtienes los resultados que deseas…

Vender online no es tan sencillo como lo pintan. No es suficiente con crear un lead magnet potente, activar la publicidad, llevar a gente a tu squeeze page, que pase por tu embudo y compre tu propuesta final. ¿Es posible vender así? ¡Por supuesto! ¿Funciona siempre? Pues me temo que no.

Y es que todo empieza mucho antes de la secuencia de entrega de tu lead magnet… y gran parte de la responsabilidad de que funcione correctamente o no, es tuya. ¡Y esto no es malo! Si depende de ti significa que también depende de ti cambiarlo.

Tu comunicación es la clave. ¿Te preguntas por qué? Porque te pasas todo el día comunicando: fotos, vídeos, reflexiones, tips,… compartidos en tus canales de comunicación (blog, redes, newsletter, grupos…), a veces sin saber exactamente el objetivo por el que compartes…

Y eso que compartes es un mensaje que conecta con un determinado público y le transmite cierta información que, si no has planificado con cuidado, puede dar una imagen de ti que no corresponda con la realidad y de ahí que te rodees de personas equivocadas.

En resumen: para conectar con el tipo de público dispuesto a pagar por trabajar contigo, necesitas conocer a fondo ese nicho al que te diriges y comprobar si tus valores y los suyos están conectados y se complementan.

Sin conexión, no hay ventas. A nadie le gusta que le vendan. Nos gusta que nos solucionen determinados problemas, nos ayuden a cubrir necesidades que consideramos importantes o nos acompañen en el cumplimiento de ciertos deseos que anhelamos desde hace tiempo.

Y para eso, necesitamos confiar en esa persona que nos dice que ella es la persona correcta para ayudarnos. Porque las palabras… se las lleva el viento. Ya estamos cansadas de tantas promesas vacías, de descargar PDFs que quedan olvidados en el ordenador, de asistir a webinars de los que no extraemos nada práctico, de perder tiempo con cursos que nunca aplicamos y no cambian nada de lo que nos rodea.

El entorno digital avanza deprisa y lo que hoy funciona, mañana deja de hacerlo. Todo se transforma. Y, por tanto, tu estrategia necesita ser fluida, flexible, camaleónica… para seguir funcionando correctamente y acercarte a los resultados que has diseñado para ti.

Y sí, el primer paso es aprender a comunicarte de forma clara, coherente, auténtica, ética, confiada, segura, natural… Y eso ¿cómo se consigue? Porque estoy segura que ya habrás leído sobre este tema, sino te interesara supongo que no estarías aquí.

Pues sencillo:

El objetivo:

¿Cuál es tu objetivo con cada mensaje que compartes? ¿quieres atraer público? ¿compartir reflexiones que les inspiren? ¿educarlos? ¿invitarlos a escribirte, apuntarse a tu reto, descargar tu lead magnet,..? ¿qué buscas al comunicarte con ellos?

Elige un objetivo muy concreto, bien delimitado. Necesitas saber dónde empieza éste y comienza el siguiente de la lista. Y, sobre todo, qué resultados necesitas obtener para saber si se ha cumplido.

Selecciona un objetivo que te motive, que suponga un reto para ti para mantenerte en movimiento. Pero, a la vez, que sea accesible para evitar frustraciones. No trates de adelantarte a la etapa en la que te encuentras.

¿Qué esperas conseguir? ¿Que contacten contigo por privado? ¿Que compartan tu publicación con sus amigos para ampliar tu visibilidad? ¿Que visiten una determinada página de tu web? Reflexiona sobre ello y elige.

El público:

¿A qué tipo de personas puede ser útil lo que compartes? Y con útil, me refiero a que transforme su vida de alguna manera. Sí, con los mensajes que compartimos de forma gratuita también queremos impactar de forma positiva en la vida de nuestros clientes potenciales.

Piensa que cuándo compramos offline, podemos tocar, ver, oler, sentir… incluso probarnos lo que compramos y si no nos queda bien, lo devolvemos. Online es distinto. Lo que ofreces de forma gratuita es como las muestras gratuitas de las grandes superficies. Si te gusta la prueba, compras. Pero muchos, cogen la prueba y desaparecen.

A ti también te pasará ¡y no sucede nada! Es un pequeño filtro para separar a tu cliente ideal del que no lo es. ¡Es positivo! Siempre y cuándo tú tengas claro quién es tu cliente ideal y quién no lo es…

¿Cuál es la situación real actual de tu cliente? ¿Qué le gusta hacer? ¿Qué necesidad quiere cubrir? ¿Qué deseo anhela alcanzar? ¿Qué es lo que teme? ¿Qué le hace dudar? ¿Qué le bloquea para alcanzar sus sueños? ¿Qué es lo primero que necesita hacer para lograr salir de ese bloqueo? ¿Cómo cambiará su vida cuándo lo haga?

Ahora no es momento de dudar. Saca de tu cabeza esa vocecita que te dice algo como: ese cliente ideal no existe. ¿Sabes por qué? Porque si no compruebas por ti misma si existe o no, no vas a saberlo nunca.

Tus textos:

Ya tienes claro el objetivo de tu próxima comunicación y la situación real de la persona que lo va a recibir. Ahora ¿cuál es el próximo paso? Pues muy fácil: empezar a redactar el texto que vas a compartir para conectar con ellos.

Hay infinidad de métodos y técnicas para redactar textos que conectan con tu cliente ideal, pero hoy te propongo uno sencillo que puedes ir adaptando a tus necesidades, las de tu negocio y, por supuesto, las de tus clientes:

El antes: ¿Cuál es la situación actual de tu cliente? Recréala con todo lujo de detalles. Crea un entorno que le sea familiar, en el que se sienta cómodo, con el que conecte de forma auténtica y consigas que, frase a frase, vaya asintiendo en silencio porque se siente totalmente identificado con lo que cuentas.

¿Qué hace desde que se levanta hasta que se acuesta? ¿Qué situaciones vive? ¿Qué experimenta? ¿Qué es lo que disfruta? ¿Qué piensa? ¿Qué siente que quiere cambiar? ¿Cómo le gustaría cambiarlo? ¿Para qué le gustaría cambiarlo? ¿Qué es lo que más desea?

Crea su historia, replica su vida. Para esto, por supuesto, necesitas cuidar cada detalle y conectar esta realidad que estás diseñando con la propuesta final que vas a ofrecerle. Dirige su atención, poco a poco, manteniendo su interés en saber más, hasta el final de tu historia.

Durante: Ya te ha conocido, te ha encontrado, ha leído tu propuesta y ha decidido confiar en ti. Activa su imaginación, apela a sus sentidos. Haz que imagine cómo será su experiencia contigo, cómo se sentirá, que vivirá y experimentará y como esa experiencia, cambiará su vida de alguna forma que se refleje en su realidad y la de quienes le rodean.

Aquí queremos cambios reales, no frases poderosas pero vacías. De nada me sirve que me digas: toma las riendas de tu vida. Si no sé cómo tomar las riendas de mi vida va a afectar de alguna forma a mi día a día. ¿Qué va a cambiar? ¿Voy a tener más tiempo para…? ¿Voy a disfrutar más de…?

Después: fin del proceso a tu lado. Ya ha aprendido lo que querías enseñarle. Y ahora, se encuentra de nuevo sola pero tiene las herramientas y recursos que tú le has facilitado. ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué puede hacer ahora que antes no podía?

¿Recuerdas la realidad que creaste en el primer paso, en el antes de conocerte? Pues ha llegado el momento de rediseñarla teniendo en cuenta que ha finalizado su trabajo contigo. Añade cambios que eleven su entusiasmo y compromiso. Haz que se imagine viviendo esa nueva realidad y que sienta que ha sido gracias a tu intervención.

Este punto puede ser peligroso… porque podemos caer en promesas que no sean reales. Céntrate en lo que de verdad puedes hacer por tu cliente, no en disparar su imaginación creando falsas expectativas. Si le prometes el Cielo, esperará el Cielo. Promete solo aquello que puedas cumplir.

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En resumen:

Tu cliente real existe, solo tienes que examinar su realidad actual teniendo siempre en mente la solución que ofreces para descubrir dónde lo puedes encontrar y cómo conectar con él.

De ti depende que esta relación sea auténtica o esté cargada de falsas promesas que disparen sus expectativas, creen dependencia o aumenten su frustración.

La responsabilidad de tus comunicaciones, es tuya. La responsabilidad de pasar a la acción, depende del compromiso de tu cliente. Si no está 100% comprometido, nada cambiará.

Tus clientes compran cambios reales que afecten de forma directa a su realidad actual. Olvídate de las típicas frases que, a fin de cuentas, no dicen nada, son humo.

Antes de empezar a crear embudos, automatizaciones, estrategias avanzadas… mira a ver qué estás comunicando ahora, cómo lo estás haciendo, con qué objetivos y a quién estás atrayendo. Puede que tengas que empezar por ahí… o la bola se irá haciendo cada vez más grande.

La solución a no vender, no es invertir en publicidad directamente. Tal vez sea un indicador de que lo que estás diciendo, está atrayendo a un tipo de público que no es tu cliente ideal y nunca lo será. Por eso, no te compran.

¿Lo positivo de esto? Que si tú lo has creado, tú puedes cambiarlo. Pero claro… no sucederá en un día…

Tienes que dedicar tiempo a analizar quién eres tú, qué es lo que puedes hacer, cuáles son tus límites, qué métodos utilizarás, qué esperas lograr… y ver como todo esto puede servir para atraer a ese público que sí está dispuesto a confiar en ti si eres capaz de cambiar su vida.

Como ves, no te he dado plantillas, ni frases clave desgastadas que utilizar, ni nada de eso… he compartido contigo ideas que puedes combinar entre sí, reflexionar sobre ellas y diseñar la estructura de tu propio mensaje en base a ellas. Las plantillas son inamovibles, las ideas evolucionan, son flexibles, están vivas… y puedes jugar con ellas cada vez que lo necesites.

Ahora, la responsabilidad es tuya. ¿Vas a limitarte a leer y asentir? ¿O tienes el nivel de compromiso suficiente para pasar a la práctica, dejar a un lado tus dudas y comprobar si lo que ofreces de verdad lo necesita alguien ahí fuera? Solo lo sabrás si te atreves a comprobarlo ¿no te parece?

Además, si quieres, podemos hacerlo juntas ¿lo sabías? Pincha en el botón y te cuento más.

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