Emprender es muy sacrificado, tendrás que renunciar a infinidad de cosas para hacer crecer tu negocio, tendrás que esforzarte y dejarte la piel si quieres conseguir hacer realidad tu idea. Porque solo triunfan los que renuncian a su vida social, caprichos, vacaciones…

Nos lo dicen así… y nos lo creemos. Entramos en la espiral de sacrificio y esfuerzo inhumano con los ojos cerrados, pensando que cuánto más sacrifiquemos y más nos esforcemos, antes llegaremos a la meta final.

Nos olvidamos de disfrutar del camino, de celebrar los pequeños logros que vamos consiguiendo y de conectar con nuestro ritmo, ese que nos hace sentir cómodas, realizadas y plenas cada día, manteniendo nuestra motivación e inspiración intactas.

No recordamos que emprendimos para tener flexibilidad horaria, disfrutar de nuestro tiempo libre e invertirlo en esas actividades que nos apasionan y cargan las pilas. Y tener flexibilidad horaria mientras piensas que solo sacrificándote tendrás éxito… no es muy compatible ¿no crees?

No nos han educado para emprender, sino para ser un número más en las filas de esas grandes empresas para las que nuestro nombre, apellidos, sueños… no importan nada. Nos preparan para esforzarnos cada día cumpliendo los sueños de terceros y dejando los nuestros para luego.

Un luego que nunca llega… y que cuándo llega, es tarde. Ya hemos malgastado nuestras energías en la multitud de oficinas grises que llenan nuestro planeta y nos hunden en días aburridos que nos van consumiendo poco a poco, alejándonos de nuestra creatividad, intuición, entusiasmo…

Y con esa misma mentalidad de obreros abnegados, un buen día, decidimos emprender y asumimos que toca sacrificarse para conseguir nuestros objetivos. Como si la vida fuera de eso, de sacrificarse, esforzarse y dejarse la piel para recoger unos frutos que, a veces, si me apuras, llegarán cuándo tú ya no puedas disfrutarlos.

No entendemos que para crear ese negocio que soñamos, aquel que nos permitirá disfrutar de la flexibilidad que deseamos, primero tenemos que conectar con nosotras mismas. Pero de verdad, no a medias. No vale con conectar con tu meta profesional si olvidas tus objetivos a nivel personal. Te desgarras a ti misma. priorizando una faceta de tu vida sobre la otra.

Concédete 20 minutos de descanso en tu día solo para ti, para preguntarte a ti misma qué es lo que quieres conseguir. Te propongo un ejercicio sencillo:

  • Descarga la siguiente ficha, es gratis, ni siquiera tienes que suscribirte:

 

DESCARGAR FICHA
 

 

  • Escribe tu nombre en la base de la balanza.
  • Escribe tu gran meta profesional en la zona superior de la balanza profesional.
  • Escribe tu gran meta personal en la zona superior de la balanza personal.
  • Escribe entre 3/4 prioridades secundarias en cada balanza. Esas que son importantes pero no imprescindibles.

 

El resultado que tiene entre tus manos es la balanza de tus prioridades vitales, las que unifican tu vida personal y profesional, esas que te ayudarán a tomar la decisión más acertada para ti cuándo tengas dudas.

Presta especial atención a tus grandes prioridades, no las descuides, dedícales un tiempo a diario, por pequeño que sea, mínimo 20 minutos, hasta que encuentres el ritmo al que te sientas cómoda.

Sentirás que a veces necesitas dedicar más tiempo a la parte profesional, sobre todo si quieres darle un empujoncito para avanzar más rápido, pero una vez lo hayas hecho, compensa de nuevo tu balanza para equilibrarla.

Haz lo que te pida el cuerpo, lo que sientes que necesitas. Borra de tu mente la palabra sacrificio y esfuerzo. Prueba a sustituirlas por compromiso y paciencia. ¿Qué te parece el resultado? ¿Cómo te hace sentir?

Cuida como te hablas a ti misma, las palabras que utilizas para decir o escribir tus objetivos y metas. Recuerda que si tu tiempo es tu mayor valor, tú eres tu mayor activo. Si no te cuidas, te presionas y te exiges más de la cuenta, tarde o temprano te pasará factura.

Cambiar tus debo y tengo por quiero y deseo ¡es muy liberador! Te invito a probarlo durante un par de semanas. Hay teorías que defienden la idea de que para convertir una rutina puntual en un hábito periódico, necesitas mínimo 21 días de repetición para integrarlo. No pierdes nada por probarlo ¿no crees?

Una vez eres consciente de tus prioridades y del tiempo real del que dispones cada día para dedicar a tu vida personal y profesional, empieza a desaparecer la gran carga que la culpa pone sobre nuestra espalda.

Te sientes más libre para organizar tus tiempos, para tomar decisiones de forma consciente, sin presiones, en base a tu nivel de compromiso y la paciencia que dediques a ejecutar cada objetivo.

Sí, es una mentalidad completamente diferente a la que nos han inculcado desde niños. Nos han insertado en la mente la idea de: vivir para trabajar. Pero nosotros podemos cambiarla por: trabajar para vivir la vida que decidimos vivir.

Si sacrificas tu vida personal en favor de la profesional, como hice yo en su día, avanzarás más deprisa y obtendrás mejores resultados en menos tiempo pero ¿a qué precio? poniendo en riesgo tu salud física, psicológica, emocional… ¿de verdad merece la pena?

Siempre hay más de una opción. Lanzarte a la piscina de un día para otro, saltar sin red, sin una mínima seguridad y estabilidad que te permita encontrar tu ritmo y crecer poco a poco, no es nunca la única opción disponible.

Otra cosa es que te dejes llevar por tus miedos e inseguridades, o te entren las prisas y decidas explotarte y esclavizarte a ti misma pensando que será solo durante una temporada… si tienes claros tus límites, serás capaz de parar a tiempo… pero si no… ten cuidado.

infografia emprender es sacrificio

¿A mí me mereció la pena pasar noches en vela durante mi embarazo para acelerar el crecimiento de mi negocio? Sí y No. Sí porque conseguí dejar antes mi oficina. Y no porque aún arrastro las consecuencias de aquel esfuerzo innecesario.

¿Hubiera tardado más si no lo hubiera hecho? por supuesto. Pero también hubiera disfrutado más del camino, exprimido mucho más cada experiencia y guardaría mejores recuerdos de aquellos meses. Los recuerdo por el exceso de trabajo, no por estar embarazada. Saca tus propias conclusiones.

Que no te engañen. Emprender no es sacrificarse a no ser que sea eso lo que quieres para ti. Emprender tu propio negocio es como buscar un trabajo por cuenta ajena que te encante. Igual que dedicas tiempo a encontrar el trabajo de tus sueños… ¿por qué crear el tuyo propio iba a implicar esfuerzo, sufrimiento, dolor?

Si lo piensas bien… no tiene sentido ¿verdad? La próxima vez que sientas resistencias a la hora de ejecutar algún objetivo de tu lista, revisa tu balanza vital ¿te estás desviando innecesariamente de tu centro? Y de ser así ¿te compensa?

¡Ah! Y no olvides compartir conmigo tu experiencia e impresiones. Después de todo, si no te animas a contarme qué piensas y los resultados que obtienes, de poco sirve que te cuente mi experiencia personal y profesional ¿no te parece?

Cursos recomendados:

 

Diseñadora de webs con alma, mentora y formadora de emprendedoras creativas que quieren hacer realidad su idea y crear un negocio online único conectado con ellas.

Sigue aprendiendo:

Pin It on Pinterest

Share This